viernes, 30 de marzo de 2018




Rápido, como una nave sellada
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¿Dónde descansa el frío de las estrellas, la velocidad de los cuerpos, el vapor de las estatuas, la tierra cruda, el vidrio crudo, el agua salvaje (si todavía queda), pero también, donde viven las pequeñas unidades que nos conforman, los símbolos, los nombres de los dioses o del diablo, los materiales del cielo, las mascaras que componemos, la incandescente y misteriosa dirección del conocimiento que nos habita? Porque escribir se escribe sin pausa (o eso nos gustaría) y eso parece ser otra cosa. Igual que dibujar y pintar. Pero descansar, ¿dónde y para qué?
Santiago Ney Marquez escribió muchísimo y debe seguir escribiendo. Aunque desde hace un tiempo este dedicado a dibujar y pintar. Estoy en su casa. Son casi las cuatro de la tarde, estamos en diciembre, y el calor empezó a llegar a esta parte del mundo. Desde hace rato charlamos mientras no para de sacar dibujos y pinturas. Un rato antes fuí a buscarlo a la calle Perez Castellano donde por algunas horas trabaja alquilando bicicletas. Se lo ve bien. Ansioso y humoristico, como casi siempre que lo encuentro.
Hasta su casa de la ciudad vieja me trajo Uranus, el nombre de la exposición del proximo miercoles en el tundra bar. Uranus es un planeta, un mito, un dios y un cuadrito que momentaneamente cuelga de una de las paredes de su cuarto. Lo miro y pienso en un organismo celular visto por un microscopio, o en una boveda color titanio que abraza la tierra porque sus hijos se mueren jovenes y de a millones.
Salto para atras. En algún lugar leí lo siguiente "un poema es un continuo levantamiento de sentidos", eso, asi como al voleo, puede ser de Raimondi o de Aldo Oliva o de Appratto. La precisión no importa, la academia tampoco. Detrás de esta cita o de este resentimiento viene un recuerdo de lecturas deformadas, de edificios levantados y sin terminar, de espacios en blanco que uno va llenando (leer es llenar con los ojos), y por supuesto de pensar los lugares que ocupaba y ocupa la poesía.
Quiero decir que los que no entramos a Letras o los que la abandonaron como Santi, durante mucho tiempo, crecimos en la universidad de los blogs, donde nos sentimos más comodos. Allí fuí conociendo la escritura de Ney, un punto proliferante y corrosivo que establecia una red de voces.
¿Pero qué es Ney, el cantante de varias bandas de rock, el nombre de una escritura marginal y virtual que se multiplica, una mano que dibuja y pinta hasta que le tiemblan las piernas, un personaje en un libro de Manuel Barrios, un actor que hace de sí mismo en una pelicula llamada Sent, una voz que recorre encuentros de poesía?
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Sigo. Descubro que anoté algunas cosas antes de cometer la torpeza de borrar la entrevista. Unas lineas que dicen que el centro esquivo de esta nota es el tema de la identidad. Como construcción cultural, como objeto de consumo, como problema. Las lineas desaparecen con rapidez y me sugieren que invente todo lo que no recuerdo. Santi me dio permiso cuando bajamos la escalera de su casa. Entonces, ¿no es la poesía la escritura mas apta para la desarticulación, para la descomposición de los materiales que nos componen, no es su canto heterogeneo la naturaleza mas adecuda para indagar nuestras contradicciónes, nuestras pulsiones, nuestros territorios?
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Ahora recuerdo o invento que recuerdo. Martin Barea Mattos les presentó a Olga Leiva y a Manuel Barrios a Santi. Luego de que los tres leyeran por separado. Puede ser que Alex Piperno ya conociera a Manuel. Pero no sabemos si Santi ya conocia a Alex. Tampoco sabemos como se conocieron con Andrés Vico. Con Karen Wild. Con Diego de Avila. Ahora que pienso bien, alguno de uds recuerda cual fue el primer recuerdo que tuvo, auto sugerido de futuro a pasado. Alguno de uds recuerda porque siempre llueve en la infancia. En mi casa de sayago siempre llovía, una casa que ahora es un taller mecanico, pero que de todos modos seguirá siendo una casa para siempre.
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Lo escucho hablar y la voz se pierde. Se diluye. Se fragmenta. La entrevista fue el viernes y hoy es miercoles y ya casi se me olvido todo. Hay por el cuarto un montón de cosas tiradas. Ramitas, un desfile de hormigas, pinturas, libros de teoría, comida, entera o a pedazos. Su novia nos escucha mientras ojea unos libros que le lleve para que recordara cosas. Yoga de Manuel Barrios, Bruja Boreal de Olga Leiva, y Ecuador el último libro de Diego de Avila. Parece el escenario de un video de R.E.M, un cuarto adolescente con biografía de Miles Davies y family game. Santi recuerda las derivas por bs as con Matias Reck. Uno de los editores de la editorial Milena Caserola. Allá conoció una cantidad de poetas y escritores. Me muestra una antología donde aparecen poemas suyos. Me habla de blogs, de la publicación de Bagrejapones, de Editorial Mental, proyectos colectivos y liberadores. Y que antes de empezar a leer en lugares no sabía que en esta ciudad había cuarenta o cincuenta poetas buenos dice. Poetas vivos.
Vamos mezclando todo, un viaje a Paraguay y uno a la ciudad de Rosario. Del primero hay un registro en youtube, donde aparece tocando la guitarra y cantando algo que se me pegó y que ahora canto yo en casa, pero imitando el tono de Fernando Cabrera. Del segundo recuerda lo siguiente. Durante otro viaje, Olga Leiva le pasó a Gervasio Monchietti un libro suyo, de esta forma Santi fue invitado a leer en un festival de poesía de Rosario. Santí dice que en esa epoca ya no escribía, que se paso los días en el hotel dibujando y que todo lo que leyó en el festival ya era viejo. Le pregunto entonces si cree que hay elementos compartidos en su escritura y en sus dibujos y pinturas. Si trabaja lo mismo pero en otro lenguaje. Me dice que a veces cree haber encontrado una unidad, un sema, un patrón.
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Seguimos. Santí no cree que lo que hace tenga un discurso político. Que nunca le intereso eso. Que lo único que quiere es que todo lo que haga se sostenga solo y punto. Por momentos le creo, aunque por otro lado siempre leí en su poesía unas ganas feroces de prenderle fuego al sistema. Minutos después me habla de bitcoins y dice que el consumo irónico no existe. Esto me recuerda en la cantidad de pantallas en las que vivimos encerrados y una pesadillesca entrevista de William Gibson en donde habla de nanotecnología y sinergia entre computación e investigación genética. Antes de salir volvemos a ver el video de angry cat y nos cagamos de la risa. Santi va al baño, se cambia la camisa, se pone un gorro con mini bananitas y sonrie.
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Hace unos días conseguí un libro sobre Hélio Oiticica en donde dice lo siguiente.."..Para mí las concepciones del arte en función de una actitud fija, contemplativa, se terminaron: ya no podemos postular "esteticas", sino más bien un modus vivendi del cual surgen valores nuevos, todavía nebulosos...No se trata entonces del "arte" como objeto supremo, intocable, sino de una creación para la vida, como regreso al mito, de manera que ocupe un lugar prominente en esa totalidad. Ese mito estaría regido por una sucesión de "estados creativos" en el individuo y en la colectividad. Así, no se pretende un "objeto arte" sino, más bien, un "estado", una predisposición a las vivencias creativas, un incentivo a la vida." Pienso si el trabajo de Santiago Ney Marquez a pasado por este camino. Si es a la vez un eco de otras voces, y creo que si, una imagen que nos trae de vuelta a casa, un sueño residual y difúso arqueado en una delicada pared digital. Como un doble movimiento, brillante y oscuro. Una vacilante selva negra que empuñamos al cielo.



























Donde ha crecido algo
Este miercoles en El Chamuyo se presenta Mexico, el segundo disco de Guillermo Wood. Pez en el hielo conversó con él a proposito de la presentación, también hablamos de su obsesión por escribir canciónes, que lo ha llevado a convertirse en viajero, su afición por la fotografía, su primer disco, los talleres de Hugo Giovanetti Viola donde conoció a los integrantes de Buceo Invisible, la poesía como tradición a la hora de componer, y una serie de pasos que terminan por convencerlo que su oficio es contar cosas colgandose una guitarra.
Viajar, buscar canciones
A mediados de octubre, un día antes que la feria del libro abriera sus puertas, entre corridas y cajas apareció Guillermo Wood. Barbado y desprolijo, loco y cristo de flaco. Había vuelto a Montevideo ese día, transportado al atrio de la intendencia como por un portal tralfamadoriano, diría Kurt Vonnegut. Traía en los ojos la velocidad del viaje y parecía haber encontrado lo que había ido a buscar.
Contemos juntos, Mayo, Júlio, Agosto, Setiembre, Octubre. ¿Cuantas canciones se pueden hacer en cinco meses de viaje? ¿cuantas historias se pueden encontrar en el camino? y ¿qué cosas estaríamos dispuestos a vivir por escribir canciones?
Todo esto me recuerda una vieja melodía de Caetano Veloso, pero que en este caso solo explicaría la mitad de las cosas. Si navegar es preciso y vivir no, entonces: el barco, la soledad, el horizonte casi siempre oscuro, y las ventanas iluminadas a la noche, solo se completan si terminan en una canción. Para Guillermo Wood no serviría de nada salir a buscar eso si no pudiera revelarnos una parte de lo que nos espera en el viaje y ocultarnos la otra, acaso la más oscura. Parecería entonces que el misterio de hacer una canción tiene al menos dos movimientos, primero la huída, cierto riesgo y desapego, y segundo, un trabajo de orfebreria donde hay que bajar la eufória, un momento de concentración y esfuerzo dice Wood.
Los años luz
Mucho antes de vagar por ciudades, playas o desiertos, cuenta que su padre durante las sobremesas leía todo tipo de cosas, poesía, historia, genética, y que él y su hermano lo escuchaban pero se aburrían muchísmo. Dice que su padre siempre tuvo una fuerte vocación literaria, que por años participó en talleres, y que la poesía siempre estuvo. En cambio, en su casa no se escuchaba música, no había una banda sonora en la casa de los Wood.
Mas adelante, el descubrimento de Silvio Rodriguez le causaría admiración. Entre los quince y diecisiete años tomó clases de guitarra con el hijo de Hugo hasta que el profesor se fue a vivir a Viena, pero Guillermo decidió quedarse en los talleres y recuerda que por ahí empezó a escribir algunas canciones, a probar cosas como mezclar a Vallejo y Dylan Thomas y ponerle música. Mucho después reconoce que hay una serie de matices, de diferencias, de ritmos y acentuaciones que son propias del poema y que hay otras que tienen que ver con la melodía, con lo que precisa la canción, y que eso es otras cosa, otro lenguaje, un lenguaje al servicio de la música, algo que esta mas cerca de ser una herramienta poetica que un esqueleto aguantandose solo, no es lo mismo escribir canciones que escribir poemas dice Wood.
Por esos años, los veintipoco, empezaron los primeros viajes, el norte argentino, Bolivia, Perú y Chile. En esa epoca participa en una revista llamada Fango que lo terminó aburriendo, igual que la facultad de humanidades. Quizás lo que termina por arrojarlo al páramo de la canción sea el grupo Buceo Invisible que conoce a traves de Hugo y del que ya forma parte estable hace cinco años.
A que nos pase algo y Mexico
Su primer disco, A que nos pase algo salió en 2015. Y como muchas veces sucede con los primeros discos que demoran en salir, para sus autores es simplemente una mochila que hay que sacarse de encima. El primer disco reunia canciones de mucho tiempo atras y una compuesta dos semanas antes de grabar. Lo cierto es que si uno escucha A que nos pase algo y después Mexico hay una serie de elementos que van de un disco a otro con total naturalidad. Muchas veces se habla de crecimiento en los artistas o de evolución, pero mas allá de tecnicas, de ensayo o de un dominio de las herramientas, lo que si hubo en Mexico fue un esfuerzo corporal a cientos de kilometros.
A finales del año pasado Guillermo Wood expuso una serie de fotografías de su viaje. Son retratos a color que podemos encontrar en las canciones, un pescador, una gitana, una vendedora ambulante cargando gallinas. En este momento se pueden ver en el espacio cooperativo La Fraterna en lomas de solymar. Dice Wood que algunos de sus fotografos preferidos son Vivian Maier, Diane Arbus o Sebastian Salgado, tomar fotografías también es captar un instante o contar una historia, como las canciones. Por otra parte al igual que un personaje de Juan Villoro le molesta la era digital. Por cierto, Villoro dijo alguna vez que Mexico es una gran necropolis, este año Guillermo estuvo ahí durante los dos terremotos. Al volver solo una noche hablamos del tema, con Guille rara vez hablamos de la muerte.