Donde
ha crecido algo
Este
miercoles en El Chamuyo se presenta Mexico, el segundo disco de
Guillermo Wood. Pez en el hielo conversó con él a proposito de la
presentación, también hablamos de su obsesión por escribir
canciónes, que lo ha llevado a convertirse en viajero, su afición
por la fotografía, su primer disco, los talleres de Hugo Giovanetti
Viola donde conoció a los integrantes de Buceo Invisible, la poesía
como tradición a la hora de componer, y una serie de pasos que
terminan por convencerlo que su oficio es contar cosas colgandose una
guitarra.
Viajar,
buscar canciones
A
mediados de octubre, un día antes que la feria del libro abriera sus
puertas, entre corridas y cajas apareció Guillermo Wood. Barbado y
desprolijo, loco y cristo de flaco. Había vuelto a Montevideo ese
día, transportado al atrio de la intendencia como por un portal
tralfamadoriano, diría Kurt Vonnegut. Traía en los ojos la
velocidad del viaje y parecía haber encontrado lo que había ido a
buscar.
Contemos
juntos, Mayo, Júlio, Agosto, Setiembre, Octubre. ¿Cuantas canciones
se pueden hacer en cinco meses de viaje? ¿cuantas historias se
pueden encontrar en el camino? y ¿qué cosas estaríamos dispuestos
a vivir por escribir canciones?
Todo
esto me recuerda una vieja melodía de Caetano Veloso, pero que en
este caso solo explicaría la mitad de las cosas. Si navegar es
preciso y vivir no, entonces: el barco, la soledad, el horizonte casi
siempre oscuro, y las ventanas iluminadas a la noche, solo se
completan si terminan en una canción. Para Guillermo Wood no
serviría de nada salir a buscar eso si no pudiera revelarnos una
parte de lo que nos espera en el viaje y ocultarnos la otra, acaso la
más oscura. Parecería entonces que el misterio de hacer una canción
tiene al menos dos movimientos, primero la huída, cierto riesgo y
desapego, y segundo, un trabajo de orfebreria donde hay que bajar la
eufória, un momento de concentración y esfuerzo dice Wood.
Los
años luz
Mucho
antes de vagar por ciudades, playas o desiertos, cuenta que su padre
durante las sobremesas leía todo tipo de cosas, poesía, historia,
genética, y que él y su hermano lo escuchaban pero se aburrían
muchísmo. Dice que su padre siempre tuvo una fuerte vocación
literaria, que por años participó en talleres, y que la poesía
siempre estuvo. En cambio, en su casa no se escuchaba música, no
había una banda sonora en la casa de los Wood.
Mas
adelante, el descubrimento de Silvio Rodriguez le causaría
admiración. Entre los quince y diecisiete años tomó clases de
guitarra con el hijo de Hugo hasta que el profesor se fue a vivir a
Viena, pero Guillermo decidió quedarse en los talleres y recuerda
que por ahí empezó a escribir algunas canciones, a probar cosas
como mezclar a Vallejo y Dylan Thomas y ponerle música. Mucho
después reconoce que hay una serie de matices, de diferencias, de
ritmos y acentuaciones que son propias del poema y que hay otras que
tienen que ver con la melodía, con lo que precisa la canción, y que
eso es otras cosa, otro lenguaje, un lenguaje al servicio de la
música, algo que esta mas cerca de ser una herramienta poetica que
un esqueleto aguantandose solo, no es lo mismo escribir canciones que
escribir poemas dice Wood.
Por
esos años, los veintipoco, empezaron los primeros viajes, el norte
argentino, Bolivia, Perú y Chile. En esa epoca participa en una
revista llamada Fango que lo terminó aburriendo, igual que la
facultad de humanidades. Quizás lo que termina por arrojarlo al
páramo de la canción sea el grupo Buceo Invisible que conoce a
traves de Hugo y del que ya forma parte estable hace cinco años.
A
que nos pase algo y Mexico
Su
primer disco, A que nos pase algo salió en 2015. Y como muchas veces
sucede con los primeros discos que demoran en salir, para sus autores
es simplemente una mochila que hay que sacarse de encima. El primer
disco reunia canciones de mucho tiempo atras y una compuesta dos
semanas antes de grabar. Lo cierto es que si uno escucha A que nos
pase algo y después Mexico hay una serie de elementos que van de un
disco a otro con total naturalidad. Muchas veces se habla de
crecimiento en los artistas o de evolución, pero mas allá de
tecnicas, de ensayo o de un dominio de las herramientas, lo que si
hubo en Mexico fue un esfuerzo corporal a cientos de kilometros.
A
finales del año pasado Guillermo Wood expuso una serie de
fotografías de su viaje. Son retratos a color que podemos encontrar
en las canciones, un pescador, una gitana, una vendedora ambulante
cargando gallinas. En este momento se pueden ver en el espacio
cooperativo La Fraterna en lomas de solymar. Dice Wood que algunos de
sus fotografos preferidos son Vivian Maier, Diane Arbus o Sebastian
Salgado, tomar fotografías también es captar un instante o contar
una historia, como las canciones. Por otra parte al igual que un
personaje de Juan Villoro le molesta la era digital. Por cierto,
Villoro dijo alguna vez que Mexico es una gran necropolis, este año
Guillermo estuvo ahí durante los dos terremotos. Al volver solo una
noche hablamos del tema, con Guille rara vez hablamos de la muerte.

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