viernes, 30 de marzo de 2018



Donde ha crecido algo
Este miercoles en El Chamuyo se presenta Mexico, el segundo disco de Guillermo Wood. Pez en el hielo conversó con él a proposito de la presentación, también hablamos de su obsesión por escribir canciónes, que lo ha llevado a convertirse en viajero, su afición por la fotografía, su primer disco, los talleres de Hugo Giovanetti Viola donde conoció a los integrantes de Buceo Invisible, la poesía como tradición a la hora de componer, y una serie de pasos que terminan por convencerlo que su oficio es contar cosas colgandose una guitarra.
Viajar, buscar canciones
A mediados de octubre, un día antes que la feria del libro abriera sus puertas, entre corridas y cajas apareció Guillermo Wood. Barbado y desprolijo, loco y cristo de flaco. Había vuelto a Montevideo ese día, transportado al atrio de la intendencia como por un portal tralfamadoriano, diría Kurt Vonnegut. Traía en los ojos la velocidad del viaje y parecía haber encontrado lo que había ido a buscar.
Contemos juntos, Mayo, Júlio, Agosto, Setiembre, Octubre. ¿Cuantas canciones se pueden hacer en cinco meses de viaje? ¿cuantas historias se pueden encontrar en el camino? y ¿qué cosas estaríamos dispuestos a vivir por escribir canciones?
Todo esto me recuerda una vieja melodía de Caetano Veloso, pero que en este caso solo explicaría la mitad de las cosas. Si navegar es preciso y vivir no, entonces: el barco, la soledad, el horizonte casi siempre oscuro, y las ventanas iluminadas a la noche, solo se completan si terminan en una canción. Para Guillermo Wood no serviría de nada salir a buscar eso si no pudiera revelarnos una parte de lo que nos espera en el viaje y ocultarnos la otra, acaso la más oscura. Parecería entonces que el misterio de hacer una canción tiene al menos dos movimientos, primero la huída, cierto riesgo y desapego, y segundo, un trabajo de orfebreria donde hay que bajar la eufória, un momento de concentración y esfuerzo dice Wood.
Los años luz
Mucho antes de vagar por ciudades, playas o desiertos, cuenta que su padre durante las sobremesas leía todo tipo de cosas, poesía, historia, genética, y que él y su hermano lo escuchaban pero se aburrían muchísmo. Dice que su padre siempre tuvo una fuerte vocación literaria, que por años participó en talleres, y que la poesía siempre estuvo. En cambio, en su casa no se escuchaba música, no había una banda sonora en la casa de los Wood.
Mas adelante, el descubrimento de Silvio Rodriguez le causaría admiración. Entre los quince y diecisiete años tomó clases de guitarra con el hijo de Hugo hasta que el profesor se fue a vivir a Viena, pero Guillermo decidió quedarse en los talleres y recuerda que por ahí empezó a escribir algunas canciones, a probar cosas como mezclar a Vallejo y Dylan Thomas y ponerle música. Mucho después reconoce que hay una serie de matices, de diferencias, de ritmos y acentuaciones que son propias del poema y que hay otras que tienen que ver con la melodía, con lo que precisa la canción, y que eso es otras cosa, otro lenguaje, un lenguaje al servicio de la música, algo que esta mas cerca de ser una herramienta poetica que un esqueleto aguantandose solo, no es lo mismo escribir canciones que escribir poemas dice Wood.
Por esos años, los veintipoco, empezaron los primeros viajes, el norte argentino, Bolivia, Perú y Chile. En esa epoca participa en una revista llamada Fango que lo terminó aburriendo, igual que la facultad de humanidades. Quizás lo que termina por arrojarlo al páramo de la canción sea el grupo Buceo Invisible que conoce a traves de Hugo y del que ya forma parte estable hace cinco años.
A que nos pase algo y Mexico
Su primer disco, A que nos pase algo salió en 2015. Y como muchas veces sucede con los primeros discos que demoran en salir, para sus autores es simplemente una mochila que hay que sacarse de encima. El primer disco reunia canciones de mucho tiempo atras y una compuesta dos semanas antes de grabar. Lo cierto es que si uno escucha A que nos pase algo y después Mexico hay una serie de elementos que van de un disco a otro con total naturalidad. Muchas veces se habla de crecimiento en los artistas o de evolución, pero mas allá de tecnicas, de ensayo o de un dominio de las herramientas, lo que si hubo en Mexico fue un esfuerzo corporal a cientos de kilometros.
A finales del año pasado Guillermo Wood expuso una serie de fotografías de su viaje. Son retratos a color que podemos encontrar en las canciones, un pescador, una gitana, una vendedora ambulante cargando gallinas. En este momento se pueden ver en el espacio cooperativo La Fraterna en lomas de solymar. Dice Wood que algunos de sus fotografos preferidos son Vivian Maier, Diane Arbus o Sebastian Salgado, tomar fotografías también es captar un instante o contar una historia, como las canciones. Por otra parte al igual que un personaje de Juan Villoro le molesta la era digital. Por cierto, Villoro dijo alguna vez que Mexico es una gran necropolis, este año Guillermo estuvo ahí durante los dos terremotos. Al volver solo una noche hablamos del tema, con Guille rara vez hablamos de la muerte.





































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